Una propiedad clave del TNT es su bajo punto de fusión de 80,6 °C (177,1 °F), muy por debajo de su temperatura de autoignición de 240 °C. Esta gran diferencia de temperatura permite fundir el TNT de forma segura con vapor o agua caliente y verterlo en casquillos para municiones, un proceso denominado fundición. Esto posibilita la producción de cargas explosivas densas, uniformes y sin fisuras.





