En 1801, Johann Wilhelm Ritter observó que los rayos invisibles más allá del extremo violeta del espectro solar oscurecían el papel empapado en cloruro de plata más rápidamente que la propia luz violeta. Esto demostró la existencia de una forma de luz más allá del espectro visible, a la que denominó "rayos oxidantes" para contrastarla con los "rayos de calor" (infrarrojos) descubiertos el año anterior.





