En biología celular, el peróxido de hidrógeno no solo es un subproducto perjudicial del metabolismo, sino también un segundo mensajero crucial en las vías de señalización redox. En concentraciones bajas y controladas, puede oxidar reversiblemente residuos específicos de cisteína en proteínas, como las fosfatasas y los factores de transcripción. Esta modificación altera la actividad proteica, regulando así procesos como el crecimiento celular, la diferenciación y la respuesta inmunitaria.





