Alfred Nobel descubrió que la nitroglicerina podía manipularse de forma mucho más segura absorbiéndola en un material inerte y poroso como la tierra de diatomeas. Esta mezcla, que patentó como dinamita, transformó el líquido altamente sensible y peligroso en un explosivo sólido y estable que solo podía detonarse de forma fiable con un detonador, revolucionando la minería, la construcción y la demolición.





