A lanza térmica alcanza temperaturas de 3.500 °C a 4.500 °C, muy superiores a las de los sopletes convencionales. Este intenso calor no sólo funde el material objetivo. El chorro de oxígeno puro también provoca una rápida oxidación del propio material, convirtiéndolo de hecho en parte de la fuente de combustible. Esta acción combinada de fusión y combustión le permite cortar acero grueso, hormigón y roca.





